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La fuerza de la tierra después del fuego

12/08/2026

La fuerza de la tierra después del fuego

  • Agroecología

Agua, suelo y vida después de los incendios en la Chiquitania

El fuego tiene una imagen inmediata: llamas que avanzan, humo, animales buscando refugio y personas intentando proteger viviendas, cultivos, potreros o fuentes de agua.

Pero esa imagen es solo el comienzo. Después, el incendio permanece en el aire, en el agua que arrastra cenizas, en la pérdida de alimento y, sobre todo, en el suelo expuesto. Los incendios destructivos dañan bosques, fauna, agua, salud y producción. También deterioran un suelo vivo, formado durante años por minerales, raíces, agua, aire y millones de organismos.

Entre 2019 y 2024, la Chiquitania sufrió incendios que alcanzaron bosques, comunidades y sistemas productivos en Roboré, San José de Chiquitos, San Javier, Concepción, San Ignacio de Velasco y otros territorios. El impacto no se mide solo en hectáreas. También se mide en días sin aire limpio, fuentes de agua bajo presión, potreros sin forraje y en el tiempo que necesita la tierra para volver a sostener la vida.

El chaqueo no es una práctica inocente

En Bolivia, el chaqueo usa fuego para limpiar vegetación, habilitar parcelas o renovar pasturas. Parece rápido y económico, pero sus costos no terminan donde se enciende la llama.

Con sequía, altas temperaturas, viento, vegetación seca y poco control, una quema puede salir del área prevista y alcanzar bosques, propiedades, comunidades y áreas naturales. Devisscher et al., en Increased Wildfire Risk Driven by Climate and Development Interactions in the Bolivian Chiquitania, mostraron que el riesgo surge de condiciones climáticas más secas, transformación del paisaje y actividades humanas. Caminos, desmontes y áreas productivas crean bordes que facilitan el fuego y vuelven más vulnerable al bosque.

Que una quema estuviera “controlada” al iniciarse no garantiza su seguridad: también cuentan el entorno y la capacidad real de detenerla. En la Chiquitania, el chaqueo rutinario es demasiado riesgoso frente a alternativas como mantener cobertura, usar materia orgánica, manejar mecánicamente la vegetación, rotar cultivos, incorporar árboles y leguminosas, planificar el pastoreo y aprovechar residuos. Cambiar exige trabajo, pero el supuesto ahorro del fuego puede terminar costando bosque, agua y medios de vida.

Una emergencia que se volvió recurrente

Los incendios de 2019 marcaron un punto de inflexión, no un episodio aislado. La serie histórica analizada por la Fundación Amigos de la Naturaleza muestra picos importantes en 2010, 2019 y 2024.

El estudio Transformación de los patrones de incendios forestales en Bolivia (2001-2024), publicado en 2025 por Cotrina Ruiz y Rodríguez-Montellano, estimó unos 10,8 millones de hectáreas quemadas en Bolivia en 2024; el 58 % fueron coberturas boscosas, la mayor proporción de la serie estudiada.

Las estimaciones satelitales varían según sensor, resolución y criterios. Un foco de calor es una anomalía térmica que indica fuego probable, pero no equivale a un incendio independiente ni mide hectáreas. La superficie quemada se estima a partir de la cicatriz dejada por el fuego.

Las cifras dimensionan la emergencia, pero una hectárea puede contener árboles antiguos, microorganismos, alimento, pasturas, cultivos, nacientes y relaciones ecológicas formadas durante décadas.

El suelo está vivo

El suelo parece arena, arcilla, piedras y restos vegetales, pero alberga bacterias, hongos, insectos, ácaros, lombrices, nematodos y otros organismos. Junto con las raíces, descomponen materiales, transforman nutrientes y crean espacios para aire y agua. La FAO señala que los suelos contienen más de una cuarta parte de la biodiversidad del planeta, clave para la fertilidad, los nutrientes, la purificación del agua y la producción de alimentos. Decir que el suelo está vivo describe su funcionamiento.

Un suelo saludable necesita materia orgánica, raíces, humedad, cobertura y organismos, no solo fertilizante. El fuego altera esas relaciones según temperatura, duración, humedad y tipo de suelo. Una quema leve puede liberar nutrientes temporalmente; un incendio intenso puede consumir materia orgánica, afectar organismos y reducir la infiltración y conservación de agua.

La ceniza tampoco garantiza fertilidad: aunque contiene minerales, el viento o la lluvia pueden llevárselos. Un suelo negro puede haber perdido la protección que lo mantenía fresco, húmedo y activo.

Lo que encontró una investigación en la Chiquitania

Araujo Justiniano y Navarro Sánchez evaluaron siete parcelas de bosque semideciduo y chaparral del Cerrado con distintos antecedentes de quema en Impacto de los incendios forestales en el estado natural de suelos afectados en la Chiquitanía. Analizaron pH, carbono orgánico, nitrógeno, fósforo, potasio e infiltración. La parcela quemada más recientemente mostró mayor alteración, con cambios en potasio, fósforo disponible e infiltración.

Los límites del estudio deben respetarse: siete parcelas no representan toda la Chiquitania y los terrenos tenían distintas historias de uso. Aun así, ilustran un proceso: si el suelo pierde estructura, cobertura o porosidad, infiltra menos lluvia; más agua corre por la superficie, arrastra partículas y acelera la erosión. Cuidar el suelo también es cuidar el agua.

El agua guarda la memoria del incendio

En el bosque, copas, hojarasca, raíces y materia orgánica interceptan lluvia, protegen el terreno y almacenan humedad. Al perderse esa protección, la lluvia puede arrastrar ceniza, suelo y sedimentos hacia quebradas, lagunas, atajados, ríos y reservorios. La intensidad de ese efecto varía según la severidad del incendio, la pendiente, las características del suelo y la vegetación que logró sobrevivir.

Estudios del Stockholm Environment Institute advierten que incendios y deforestación pueden alterar el equilibrio hídrico y la disponibilidad de agua en la Chiquitania. Investigaciones en Curichi Grande y Tucavaca señalan que proteger los recursos hídricos debe ser central en la recuperación.

En comunidades rurales, el agua sirve para beber, cocinar, cultivar, limpiar y mantener animales. Menor caudal o más sedimentos implican más tiempo y recursos, afectando cultivos, ganado, alimentación y economía familiar. El fuego también debilita la capacidad del territorio de capturar, filtrar y conservar agua.

El humo llega hasta los pulmones

Los efectos tampoco permanecen dentro de los límites del área quemada. El humo viaja kilómetros y contiene gases y partículas como PM2.5. Por su tamaño, estas penetran profundamente en los pulmones y pueden ingresar al torrente sanguíneo. La Organización Mundial de la Salud las identifica como la principal amenaza sanitaria del humo de incendios; pueden causar o agravar enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

Niños, mayores, embarazadas, personas con enfermedades previas y quienes combaten incendios son especialmente vulnerables. Además, el fuego destruye cultivos, cercos, herramientas y alimento para el ganado, y puede obligar a comprar agua, trasladar animales, suspender trabajo o gastar ahorros. Si se repite antes de la recuperación, la emergencia se convierte en deterioro acumulado.

En la Hacienda Patiño, la ecología se lleva a la práctica

No basta con preguntar cómo apagar incendios; también importa cómo producir sin favorecerlos. En la Hacienda Patiño, la ecología aplicada parte de una idea: la producción depende de la salud del suelo. Suelo, pasturas, vacas, agua, residuos y alimentos no se manejan como elementos separados: forman parte de un mismo sistema.

Una práctica central es el Pastoreo Racional Voisin (PRV), que mueve el ganado según el crecimiento y recuperación de las pasturas. El ingreso y descanso de cada potrero se deciden observando las plantas, no con un calendario rígido. Se busca descanso suficiente, ocupaciones breves y forraje en cantidad y calidad adecuadas, evitando consumir rebrotes antes de que la planta recupere reservas.

En la experiencia de la Hacienda Patiño, el PRV favorece la recuperación y el rendimiento de las pasturas, aprovecha mejor el terreno y ofrece a las vacas alimento en mejores condiciones. Cuando el forraje tiene buena calidad y está disponible en el momento adecuado, los animales pueden expresar mejor su capacidad productiva que con pasturas agotadas, largos desplazamientos o alimentación irregular.

Bautista-García et al., en Pastoreo racional Voisin como herramienta para mejorar las condiciones del suelo después del pastoreo extensivo, encontraron mejoras físicas, químicas y biológicas tras catorce meses, además de mayor abundancia y riqueza de algunos grupos de fauna del suelo. Aunque las condiciones difieren de Santa Cruz, los resultados respaldan procesos favorables con un PRV bien aplicado y supervisado.

Las vacas pueden ser heroínas del suelo

Una vaca no regenera por sí sola un terreno, pero con buen manejo puede ser aliada. Al pastorear consume biomasa y devuelve nutrientes y materia orgánica mediante estiércol y orina; también influye en la vegetación y la distribución de materiales.

En el PRV, las vacas permanecen poco tiempo en cada potrero y luego la pastura descansa. Hojas y raíces se recuperan y el suelo conserva cobertura. La meta no es agotar la parcela, sino acompañar el ciclo vegetal para sostener la producción.

Por eso pueden ser “heroínas del suelo”: bajo manejo racional participan en un ciclo que beneficia pasturas, alimentación y producción. La fuerza está en las relaciones entre vaca y pasto, raíces y microorganismos, descanso y rebrote, conocimiento técnico y observación.

Economía circular: el residuo vuelve a convertirse en recurso

La misma lógica se aplica a los residuos. En un sistema lineal, los recursos se extraen, usan y desechan; en uno circular, lo que queda de una actividad puede convertirse en insumo para otra. La Hacienda trabaja con dos circuitos complementarios: biochar a partir de residuos vegetales y biodigestión del estiércol.

Biochar: carbono que vuelve al suelo

El biochar es un material rico en carbono obtenido al calentar biomasa con poco oxígeno. En lugar de desechar o quemar abiertamente ciertos restos, se transforman en un material estable que vuelve al suelo. Puede retener nutrientes, mejorar algunas propiedades y conservar agua, pero sus efectos dependen del material, la temperatura de producción, la dosis y las características del suelo. Por eso debe elaborarse y aplicarse con criterios técnicos.

En la Hacienda Patiño, el biochar permite aprovechar residuos vegetales que de otro modo podrían perderse. El carbono de esos materiales vuelve a la tierra y permanece allí durante más tiempo, como parte de una estrategia de cuidado del suelo.

Del estiércol al gas y al abono foliar

El estiércol entra a un biodigestor, donde se descompone sin oxígeno. Produce biogás para la cocina de la Hacienda y un abono orgánico líquido que, tras su preparación, se usa como abono foliar en los potreros. La digestión anaerobia genera energía renovable y conserva parte importante de los nutrientes en el fertilizante resultante, una aplicación concreta de la economía circular agropecuaria.

El circuito es simple: las pasturas alimentan a las vacas; las vacas producen leche y estiércol; el estiércol se vuelve gas y abono; el abono regresa a las pasturas. No elimina todos los impactos, pero reduce desperdicios, aprovecha recursos y disminuye la dependencia exclusiva de insumos externos.

Prácticas que deberían multiplicarse

La Hacienda Patiño demuestra alternativas al fuego rutinario: manejar pasturas sin quemarlas, dejar descansar el terreno, devolver materia orgánica, producir biochar y obtener energía y abono del estiércol. Son prácticas que deberían extenderse.

Replicar no es copiar una receta: suelos, lluvias, vegetación, agua y capacidades cambian. Se trata de aplicar principios comunes: proteger cobertura, respetar tiempos de recuperación, aprovechar residuos, observar el suelo, medir resultados y adaptar decisiones.

La Hacienda permite ver la ecología convertida en decisiones sobre potreros, animales, cultivos, residuos y alimentos. Compartir ese conocimiento ayuda a productores a adaptarlo, estudiantes a entender los alimentos, profesionales a evaluar resultados y familias a comprobar que producir y cuidar no son opuestos.

Volver a ver verde no significa que todo se haya recuperado

Tras un incendio, la Chiquitania sorprende por su rebrote. Mostacedo et al. encontraron, después de los incendios de 2019, que numerosas especies evaluadas sobrevivieron o rebrotaron, especialmente desde la base. Es una razón para la esperanza, no una recuperación completa.

Un lugar puede verse verde y haber perdido árboles antiguos, especies sensibles, refugios y alimento para la fauna. El bosque necesita tiempo para reconstruir su estructura y sus relaciones. Maillard et al., con imágenes Sentinel-2 posteriores a los incendios de 2019 y 2020, mostraron que la recuperación varía según ecosistema y severidad. Por eso cada área debe estudiarse antes de elegir entre proteger la regeneración natural o hacer restauración asistida.

La primera condición para recuperarse es evitar que el territorio vuelva a quemarse antes de tiempo.

La fuerza de la tierra

El fuego avanza en horas; el suelo trabaja a otro ritmo. Lo hace cuando una raíz crece, la hojarasca vuelve a cubrir, una lombriz abre un canal y el agua se infiltra en vez de llevarse la tierra. También cuando una persona decide no quemar.

Trabaja cuando el productor observa el pasto antes de mover el ganado, el estiércol se convierte en energía y abono, un residuo en biochar y una pastura descansa antes de alimentar nuevamente a los animales.

La esperanza no consiste en creer que la naturaleza resolverá sola todos los daños, sino en reconocer que la vida permanece y que existen decisiones capaces de fortalecerla. La Chiquitania conserva semillas, raíces, microorganismos y conocimientos, además de comunidades que quieren seguir viviendo y produciendo en su territorio. Experiencias como la Hacienda Patiño muestran que es posible trabajar con los ciclos naturales en lugar de combatirlos.

El suelo está vivo. De él dependen agua, pasturas, vacas, alimentos y bienestar. Quemarlo repetidamente agota la base de la vida; cubrirlo, alimentarlo y respetar sus tiempos permite que produzca y se recupere.

La fuerza de la tierra no está en soportar indefinidamente todo lo que le hacemos. Está en su capacidad de responder cuando dejamos de dañarla y comenzamos a cuidarla. El futuro de la Chiquitania no tiene que escribirse nuevamente desde las cenizas: puede comenzar bajo nuestros pies, en un suelo vivo, protegido y fértil; en pasturas que vuelven a crecer; en animales bien alimentados; y en personas capaces de producir mientras cuidan el territorio que hará posible la vida de las próximas generaciones.


Nota metodológica

Este artículo fue elaborado mediante la revisión de investigaciones científicas y publicaciones de organismos especializados sobre incendios, salud del suelo, recursos hídricos, Pastoreo Racional Voisin, biochar y biodigestión.

La descripción de las prácticas actuales de la Hacienda Patiño —incluidos el PRV, la producción de biochar y el aprovechamiento del estiércol para obtener biogás y abono orgánico foliar— se basa en información institucional proporcionada por su equipo.

Las investigaciones realizadas fuera de Bolivia se utilizan para explicar procesos y aportar referencias técnicas. Sus resultados no se presentan como automáticamente transferibles a todos los suelos y sistemas productivos de la Chiquitania.

Fuentes principales

  • Cotrina Ruiz y Rodríguez-Montellano. Transformación de los patrones de incendios forestales en Bolivia (2001-2024).
  • Devisscher et al. Increased Wildfire Risk Driven by Climate and Development Interactions in the Bolivian Chiquitania.
  • Araujo Justiniano y Navarro Sánchez. Impacto de los incendios forestales en el estado natural de suelos afectados en la Chiquitanía.
  • Stockholm Environment Institute. Estudios sobre incendios y recursos hídricos en la Chiquitania.
  • FAO. Publicaciones sobre biodiversidad y salud del suelo.
  • Organización Mundial de la Salud. Información sobre humo de incendios y PM2.5.
  • Embrapa. Publicaciones técnicas sobre Pastoreo Racional Voisin.
  • Bautista-García et al. Pastoreo racional Voisin como herramienta para mejorar las condiciones del suelo después del pastoreo extensivo.
  • FAO. Biochar in sustainable soil management: potential and constraints.
  • IEA Bioenergy. Publicaciones sobre digestión anaerobia, biogás y aprovechamiento agrícola del digestato.