23/03/2026
¿Qué queda de nuestros objetos cuando dejan de servir?
¿Qué dicen todavía de nosotros, de nuestros trayectos, de nuestras rupturas, de nuestras memorias?
Con «Más allá del eclipse», la artista mexicana Betsabeé Romero no propone una simple exposición. Propone una travesía. Una travesía por lo cotidiano, por sus restos, por sus huellas, para revelar lo que aún contienen.
Aquí, nada es espectacular. Todo es esencial.
Formada en historia del arte y con una trayectoria internacional, Betsabeé Romero ha construido una obra que rechaza la abstracción desvinculada de la vida. Trabaja con aquello que el mundo produce, usa y descarta: llantas, carrocerías, textiles, papel.
Pero no los desvía. Los transforma.
Una llanta grabada con motivos florales no se convierte en obra por provocación. Se convierte en memoria. En huella. En presencia. Lo que estaba destinado al olvido recupera densidad.
Ese gesto no es neutro. Es una toma de posición.
Romero no denuncia de manera frontal. Actúa desde otro lugar. Colabora con comunidades, reactiva saberes artesanales, vuelve a poner en circulación formas que el mercado había relegado. No deconstruye. Repara.
En el centro de la exposición, un objeto se repite: la llanta.
Objeto banal, casi invisible, y sin embargo cargado de historia: desplazamiento, uso, tránsito. En manos de la artista, se convierte en otra cosa. En soporte ritual. En objeto de memoria.
Los automóviles, por su parte, dejan de representar la promesa moderna de movilidad. Se transforman en superficies marcadas, en cicatrices abiertas, a veces en altares.
Cada obra se sostiene en una tensión:
entre objeto y símbolo,
entre herida y celebración.
Lo que propone Romero no es una transformación estética. Es una relectura del mundo a partir de sus huellas.
La exposición aborda un tema central: la migración.
Pero no la presenta como un fenómeno abstracto. La vuelve tangible. Visible. Material.
A través de una iconografía que entrelaza elementos indígenas, populares y urbanos, Betsabeé Romero hace visibles las transformaciones invisibles: el desplazamiento interior, la recomposición de la identidad, las marcas que deja el tránsito constante entre territorios.
Aquí, la identidad nunca es fija.
Se construye, se desplaza, se transforma.
El mestizaje no es una pérdida. Es una fuerza. Una capacidad de crear, de conectar, de transmitir.
Una de las mayores fortalezas de «Más allá del eclipse» es su capacidad para hacer coexistir distintas temporalidades.
Los motivos, los gestos, los materiales portan una memoria ancestral. Una cosmovisión en la que los objetos no son neutros, donde cada forma está cargada de sentido. Esa memoria entra en diálogo con el presente.
No desde la nostalgia.
Desde la acción.
Como señala el curador Oscar Roldán, la libertad cultural no consiste en romper con las raíces, sino en reactivarlas como fuente de creación.
Desde esta perspectiva, la obra de Romero propone una idea clara y exigente:
el futuro no se construye olvidando, sino reinterpretando.
«Más allá del eclipse» invita a desacelerar.
A mirar aquello que ya no miramos.
A reconocer lo que creíamos agotado.
En el eclipse no hay desaparición.
Hay un desplazamiento de la mirada.
La oscuridad no es un vacío. Es un espacio de profundidad. Un momento en el que emergen otras formas.
Al acoger esta exposición, la Fundación Patiño no se limita a programar un evento cultural.
Continúa un trabajo de fondo: hacer de la cultura un espacio vivo, un lugar de transmisión, un terreno de experimentación.
El arte, aquí, no es decorativo.
Es una herramienta.
Una herramienta para pensar distinto.
Para conectar territorios.
Para hacer dialogar herencias y contemporaneidades.
En esta dinámica, cada exposición se convierte en un punto de encuentro. Entre artistas y públicos. Entre culturas. Entre experiencias.
La exposición ha terminado. Las obras han salido de los espacios.
Pero algo permanece.
Una manera distinta de mirar lo que nos rodea.
Una atención renovada hacia los objetos, los gestos, las huellas.
Y una convicción: aquello que parecía usado, marginal o descartado puede volver a tener sentido.
Y quizá ahí reside lo esencial.